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Es la misión de Return Ministries recibir, diariamente, la Gracia de Dios que nos permite darle a Jesucristo todo el honor, la gloria, y la obediencia que ricamente merece, permitir que Jesús crezca a la madurez en nuestros corazones y vidas, y alcanzar a otros con Su amor incondicional.

Hasta este punto, la misión básica de Return Ministries ha sido ayudar a la gente a encontrar un refugio, una iglesia segura y sana que crea un ambiente que es conducente a ayudar a nuestra congregación a conectarse y permanecer conectada a Jesucristo. Mientras nos acercamos a nuestro primer aniversario, me he sentido persuadido por el Espíritu Santo a escribir y establecer la nueva misión de Return. Esta misión ha sido aprobada por nuestra mesa directiva y es ahora la misión oficial de Return Ministries Inc. 

Esta misión es cuádruple, y cada uno de los cuatro puntos es de valor e importancia equitativa, pero sin embargo únicos, y cada uno de ellos está conectado a los otros. Ustedes pueden dibujar cuatro flechas, y la primera es una flecha que baja desde Dios hacia nosotros. La segunda es una flecha subiendo a Dios desde nosotros. Y después la tercera es una flecha yendo dentro de nuestros corazones, y la cuarta es una flecha saliendo desde nuestros corazones hacia otros. Abajo está un resumen de los cuatro puntos de nuestra misión. 

1.    Recibir Diariamente la Gracia de Dios la cual nos Permite:

Primeramente, debemos entender que Dios derramando en nosotros es la única manera en la que podemos tener algo de real valor y que podamos dar de regreso a Dios o a otros. Solamente conocemos a Dios por causa de Su Gracia que Él nos da gratuitamente. Somos salvos de nuestros pecados por Su Gracia, y es sólo Su Gracia que nos da el poder sobre nuestro pecado todos y cada uno de los días. Todos estamos en bancarrota espiritualmente fuera de la Gracia de Dios, y todos necesitamos experimentar Su Gracia cada uno de los días de nuestras vidas de manera que podamos lograr nuestro propósito en la vida. A Él amamos solamente porque Él nos amó primero. 

Para nosotros el intentar hacer los siguientes tres aspectos de nuestra misión sin primero recibir una fresca provisión de Gracia cada día sería de futilidad y vanidad. Al vaciarnos a nosotros mismos en la cruz a los pies de Jesús, podemos ser llenos del Espíritu Santo de Dios, lo cual nos permite obedecer al Señor y vivir nuestras vidas totalmente para Él. Mientras estamos a Sus Pies, podemos comer del Pan de Vida, (Jesucristo, la Palabra de Dios), diariamente, lo cual nos dará la fuerza, y la fe que necesitamos para llevar a cabo nuestro deber divino. 

No deberíamos sentirnos santos o en una buena posición con Dios basado en nuestros buenos comportamientos o hechos. En cambio, necesitamos recordarnos a nosotros mismos diariamente que existimos solamente por Su gran Misericordia que hecha atrás lo que merecemos y Su maravillosa Gracia que nos da lo que no merecemos. Todos los creyentes necesitan la Gracia de Dios todos y cada uno de los días. Nunca habrá un día que no necesitaremos la Gracia de Dios porque la Gracia de Dios es Jesús haciendo por nosotros lo que nunca podremos hacer por nosotros mismos. La Gracia es Jesús encontrándome, justo donde estoy,  en mis transgresiones y pecados y lavándome para ser limpio. Es la Gracia que nos hace santos y justos, y es la Gracia que nos justifica. Es la Gracia que nos permite vivir una vida vencedora y victoriosa que le agrada a Dios. 

Cualquier buena obra que podamos hacer para el Señor Jesucristo puede ser solamente completada por causa del Amor y la Gracia de Dios que gratuita y generosamente derramará en nuestras vidas mientras nos humillamos delante de Él cada día. Recuerden, la Gracia es totalmente inmerecida, no se obtiene con mérito, no se gana, es el favor puro de Dios, y es disponible a todo aquel que se arrepiente de sus pecados y clama el Nombre de Jesús.

2. Dar a Jesucristo Todo el Honor, Gloria, y Obediencia que Él Ricamente Merece. 

El mismo propósito de nuestra existencia aquí en la tierra es dar a Jesucristo la gloria, honra, y obediencia. Fuimos creados para Su placer, y deberíamos vivir para dar a conocer Su Nombre y no el nuestro. Al nacer heredamos naturalezas pecaminosas, las cuales causan que el hombre trate de ganar la gloria y honor de su propio nombre mientras viaja a través de este mundo. La humanidad nació con una independencia de Dios que quiere ir por su propio camino y hacer su propia cosa. Pero la buena nueva del Evangelio es que Dios no dejo a la humanidad en este horrible predicamento esclavizados por nuestros pecados. En cambio, Él envió a Jesús a este mundo para salvarnos de nuestros pecados y traernos de nuevo a la unidad con Dios. 

Por causa de la Gracia de Dios, a través de la Sangre de Jesucristo, el hombre puede ser restaurado en una relación correcta con Dios, y una vez restaurado, el hombre puede ahora invertir su tiempo y energía en dar al Nombre de Jesús la gloria y honra en vez de levantar su propio nombre. Por causa de la Gracia de Dios, ahora el hombre puede obedecer a Dios con cada pensamiento, palabra, y obra. Mientras ponemos nuestra confianza en Jesús, en vez de nosotros mismos, Él nos da la Gracia que es más poderosa que nuestra naturaleza pecadora. De hecho, Su Gracia es más poderosa que cualquier cosa, tan poderosa que el hombre más orgulloso puede ser transformado en una persona totalmente dependiente de Dios, con un deseo de solamente servir, honrar, y obedecer a Dios. 

Es aquí donde muchos se confunden, porque el enemigo ha sembrado una doctrina engañosa en la era de la iglesia moderna que enseña que la Gracia de Dios le da al hombre licencia de pecar o libera al hombre para vivir de la manera que quiera vivir, o le libera para que haga su propia cosa. La verdad es todo lo contrario, porque la Gracia de Dios cambia nuestra forma de pensar y en realidad nos causa el querer obedecer a Dios y empezar a preguntarle que es lo que Él quiere que hagamos y como agradarle. Jesús murió en la cruz para salvarnos de nuestros pecados y para librarnos del poder del pecado para que nuestras vidas puedan ser reconciliadas en unidad y armonía con Dios. A través de la cruz y la Sangre derramada de Jesús, podemos dar la gloria, honor, y obediencia que Jesús ricamente merece. 

Cuando obedecemos a Jesús desde una relación de amor con Él, y no desde un sentido de deber, hacemos que su viaje a la cruz haya valido la pena. Al darle a Jesús la gloria, honor, y obediencia en realidad cumple la misma razón por la cual Jesús vino a esta tierra a morir en nuestro lugar. Porque Él murió no solamente para salvarnos de nuestros pecados, pero también para reconciliarnos nuevamente con Dios. 

3. Permitir que Jesucristo Crezca a Madures Espiritual en Nuestros Corazones y Vidas. 

Cristo creciendo en nosotros es en realidad un proceso de vida, pero es un proceso que el creyente puede parar en cualquier momento durante su jornada. Dios nos da una elección ya sea que queramos que Él crezca en nuestras vidas o no. Claro que es la perfecta voluntad de Dios que cada creyente crezca a madures espiritual, pero es un hecho triste que pocos eligen vender todo e ir de lleno con Dios. 

Jesús enseñó que el Reino de Dios es como una semilla de mostaza que puede crecer a ser un árbol poderoso. Él enseñó en la parábola del sembrador que el Reino es como una semilla plantada en la tierra. Pero una semillas crecieron y otras no. Algunas semillas cayeron junto al camino; algunas otras fallaron en crecer raíces por causa de que cayeron en  lugares empedrados, y otras fallaron en crecer por causa de la maleza, espinas, y los cardos en los corazones. El problema no es con las semillas, porque la Palabra de Dios es perfecta, incorruptible, y eterna, el problema es con la tierra, el corazón del hombre. Debemos labrar la tierra de nuestros corazones y mentes de manera que la Palabra de Dios crezca dentro de nosotros. Necesitamos continuamente confesar y arrepentirnos de nuestros pecados, malos pensamientos, malas actitudes, malas acciones, y la Palabra de Dios florecerá dentro de nuestro ser mientras mantenemos la tierra de nuestros corazones libre de obstáculos que puedan obstruir el crecimiento. 

Jesucristo, la esperanza de gloria, viviendo dentro de los corazones del hombre, es la cosa más maravillosa sobre el Evangelio. Podemos más fácilmente creer que Jesús vino a esta tierra a morir por nosotros, porque Él nos ama, que creer que Él realmente vive dentro de nosotros. Mucha gente siente que está muy alejada de Dios, cuando de hecho, Dios está justamente dentro de sus corazones. Todo lo que tienen que hacer es desenterrar alguna falta de perdón, o deshacerse de algunas piedras de amargura, y su relación con Dios podrá ser restaurada en toda su gloria, con tan sólo un poco de arrepentimiento. Se agresivo en arrancar la maleza de las preocupaciones de la vida, los engaños de riquezas, y los placeres terrenales, y eso permitirá que la semilla de la Palabra de Dios tenga espacio para crecer. 

Esto es lo que divide y separa la Cristiandad dentro de las miles de diferentes sectas o denominaciones. Todos los creyentes tienen un diferente nivel de capacidad y deseo de crecer en Dios, o mejor dicho, permitir que Jesús crezca en ellos. Algunos Cristianos quieren solamente lo suficiente de Dios para ir al cielo cuando mueran; otros quieren ir un poco más profundo y abrir sus corazones al bautismo del Espíritu Santo, mientras hay otros que incluso están dispuestos a ser bautizados en las aguas del Nombre de Jesús, y ser sepultados con Él, plantados con Él, crucificados con Él, en renovación de vida. 

Una vez que el creyente permite que Dios ponga su fundación de Sangre, Fuego, y Agua, entonces puede comenzar una jornada de ser salvo de la auto-vida, o ser salvo a lo sumo. El Apóstol Pablo ofrece la analogía del creyente prosiguiendo al blanco, (la plenitud de Jesucristo).

De manera que el Árbol de la Vida, (Jesucristo) crezca y madure en la vida del creyente, el creyente experimentara el fruto del Espíritu creciendo y manifestándose en su corazón. La real evidencia de Dios madurando en la vida de alguien es el amor. Es por el amor que la gente conocerá que somos Sus discípulos. El amor es el cumplimiento de la ley, y la Cristiandad se vuelve más simple una vez nos demos cuenta que todo es sobre amar a Dios y amar a otros. Si tienes el amor de Dios en tu corazón, lo tienes todo. Pero sin el amor de Dios, no tienes nada. 

La misma razón por la cual Jesucristo viene a vivir en el corazón del creyente es para que el creyente pueda crecer en madurez y llegue al cumplimiento espiritual. Algunos darán fruto al treinta por uno, otros al sesenta por uno, y otros crecerán a dar fruto al ciento por uno. Ningún agricultor alguna vez a estado satisfecho con tan solo plantar la semilla. Al contrario, él sabe que su trabajo solamente ha comenzado, y es un proceso largo de trabajo para que la semilla crezca a madurez y de fruto. 

4. Alcanzar a Otros Con el Amor Incondicional de Jesucristo. 

El alcance es la cuarta pieza final de nuestra misión. Nunca deberíamos parar y cortar con solamente él discípulado porque la razón que Jesús permite que el fruto del Espíritu crezca en el Árbol de la Vida de nuestros corazones es para que lo tomemos y lo compartamos con otros. Muchos creyentes están tan enfocados en su propio crecimiento espiritual que nunca se dan cuenta del gozo de alcanzar a otros con el amor de Jesucristo. La única cosa que es más grande que Jesucristo creciendo en nuestros corazones y vidas es experimentar el gozo de compartirlo con otros. 

La misma naturaleza de Jesús es completamente desinteresada, porque Él alcanzó a mucha gente en Su ministerio entero, siempre dando, sanando, alimentando, enseñando, y amando a todo aquel con el que entró en contacto. Él nos pide que hagamos lo mismo. Jesús quiere que cada creyente alcance a los perdidos y al mundo moribundo. Él quiere que todos nosotros seamos discípulos y compartamos Su amor y Su verdad todos los días. Él planta y crece este Árbol de Amor en nuestros corazones para que vayamos al mundo y permitamos que Su amor fluya y toque a otros. 

Los Cristianos deberían amar a todos, sin excepción, con el amor incondicional de Jesucristo. Él aún nos pide que especialmente amemos a aquellos que no nos pueden amar de regreso o no nos pueden dar algo a cambio. El pobre, el necesitado, el hambriento, aquellos en prisión, las viudas y los huérfanos, Él nos pide amarlos sin limites o condiciones. Él ha dicho que en cuanto lo hacemos a uno de estos hermanos pequeñitos, a Él lo hacemos.

Nunca fue la intención de Dios que Jesucristo creciera en los corazones de los creyentes sólo para que el creyente pueda experimentar un premio mayor y eterno, pero Él crece dentro de nuestros corazones para que podamos ir a nuestras comunidades a compartir Su amor con otros. Claro, Su premio eterno será glorioso, espléndido, y más grande que cualquier cosa que hayamos imaginado. Pero crecer en Dios no es acerca de nuestro premio eterno. Es acerca de  Dios llenando nuestro árbol con el fruto de Su Espíritu Santo y Palabra de manera que podamos compartirlo con otros. 

Por favor únanse conmigo en ayudar a cumplir la Misión que Dios nos ha llamado a hacer aquí en Return Ministries.. 

Bill Hudson 

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